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Afirmaciones

Por Alicia Menises

Texto curatorial

“¿Cómo surge el arte? Nace de la capacidad que tiene la mente de esculpir el ámbito sensorial. ¿Qué hace el arte por nosotros? Da forma y hace visibles nuestras emociones y, al hacerlo, les atribuye ese sello de eternidad que llevan todas las obras de arte que, a través de una forma particular, saben encarnar el universo de los afectos humanos.”

 

Muriel Barbery, La elegancia del Erizo, Seix Barral, 2007, pp. 225.

Este es un artista  que gusta del trabajo con la materia, que cala hojas de papel con una trincheta manipulándola como si fuera un pincel, que modela con sus manos un material atípico como el epoxi para recrear en tamaño maximizado mariposas, libélulas, chicharras,  que reconfigura estos insectos interviniendo directamente en su propia naturaleza, agregándole más  alas  y/o proveyéndolas de otras ajenas a su especie, y es también el creador de paisajes   íntimos con kilos de “barro ñau” extraídos por él mismo de la costa rio Paraná.

 

Es Andrés Paredes, nacido en Apóstoles, provincia de Misiones, que partiendo de una técnica de origen europeo sherenscfhnitt o papel cortado, logró su propio lenguaje visual cuando la expandió a la tercera dimensión y la traspuso a otros materiales. Lenguaje visual que le permitió configurar  toda una nueva forma de contar, mostrar y sentir la naturaleza que palpita y resuena permanentemente en él.  Naturaleza que no sólo cobijó sus juegos infantiles sino que fue fuente de permanente curiosidad,  búsqueda y descubrimiento cuando colocó bajo las lentes del microscopio de su padre médico, todo tipo de hojas, semillas, flores  e insectos. Esa naturaleza, que fue el gran “patio” de su casa, albergó también animales: perros, gansos, gallinas, coatíes, monos y caballos.

 

Es su propuesta artística el resultado de un trabajo constante y reflexivo en donde la exploración de técnicas, la búsqueda formal, la indagación constante y rigurosa han ido perfilando el difícil oficio de crear objetos visuales  que no buscan describir ese pasado, sino que son el resultado de poner en acto el recuerdo pleno de emociones y felicidad a través  de insinuaciones, sugerencias, restos. 

 

En Gurí, la exposición que realizó en la Galería Palatina en el año 2013,  sus entramados laberínticos de vegetación  calados en papel contenían a mariposas disecadas, sus columnas de MDF reforzaban la imagen de la espesura de la selva mediante enramadas en la cual a su vez, se posaban chicharras, libélulas y mariposas de gran escala como prontas a emprender el vuelo.

En la visión ya adulta de sus recuerdos la elección de estos insectos no fue fortuita; los tres comparten el mismo proceso de crecimiento, diferenciación y muda de piel ó exoesqueleto, y es aquí donde el artista asentó  su gran metáfora sobre la probabilidad del cambio entendido como transformación hacia un posible distinto, nuevo, renovado.

 

La Exuvia, piel que dejan estos insectos una vez que ha terminado su proceso de diferenciación, es la evidencia de que algo cambió y dio nombre a su siguiente trabajo. Una instalación  donde diversos objetos tomados nuevamente del consultorio de su padre, junto a una espesa vegetación real, los “bichos”, la iluminación cenital y la música compuesta especialmente,  conformaron una escenografía que solo podía ser vista por el visitante a través de calados realizados en “esa piel” que colgaba desde el techo hasta el piso. Es la piel abandonada testimonio, constatación de que algo ocurrió, y que permitió a ese ser vivo continuar su crecimiento y desarrollo vital. Despertar la curiosidad de visitante, espiar por los calados, detenerse y demorarse en la contemplación de esa atmósfera amplia de  reminiscencias y emociones fueron parte de la experiencia que el artista busca intencionalmente provocar con sus obras.

 

Es un artista de Misiones, su lugar en el mundo, y así lo hizo saber cuando propuso un acercamiento poético a una experiencia colectiva propia de la zona, la condición de Migrantes. Condición que es propia de los seres vivos, implica desplazamiento y una toma de decisión que contiene el anhelo de una mudanza que lleva premisas tales como elección, adaptación, asimilación o transformación para la continuidad de la vida. La obra evoca un espacio natural, la selva en estado virginal, y su paulatina transformación en tierra pródiga para el cultivo, mientras enormes mariposas sobrevuelan en lo alto de la sala.

Tanto en Exuvia como en Migrantes, un lenguaje propio y obras que aluden a una experiencia vital cotidiana y pasada, son el producto de un sinnúmero de capas de sentido que van construyendo una memoria, la de aquellos que alguna vez tuvieron la determinación de migrar.

Es en Barro Memorioso suerte de vanitas que el artista expone, a partir de sus vivencias más emotivas, de forma tierna pero sentenciosa, la brevedad de la vida. La vida se repite y se reproduce, la vida es una suerte de fuerza anónima, la vida es también frágil y está habitada por la muerte.

La reflexión sobre la transitoriedad de la vida es puesta en escena con una instalación que por sus características formales se dispone en el espacio por un tiempo, para después también desaparecer. Se trata de  cúpulas de barro con elementos biomorficos en su exterior y óculos que permiten ver el interior. Ubicadas a metro y medio del piso, ofrecen  una nueva posibilidad al espectador; adentrase en ellas por la base y recorrer visualmente las superficies con sus accidentes, rajaduras, texturas;  percibir un aroma floral y escuchar la música mientras una luz cálida completa el recorrido visual. Aquí comienza su espectacularidad al mostrar un punto de vista completamente inédito los vestigios del tiempo y la memoria. De la tierra vivificada por el agua surgen pequeños pináculos con formas orgánicas, plantas, piedras semipreciosas iridiscentes, mariposas y cráneos de sus ancestros y mascotas más queridas.

 

Es en la muestra que realiza en mayo de 2017 en UNGALLERY dónde concluyen en forma separada sus dos grandes temas. Las obras funcionan a manera de cierre de una etapa altamente reflexiva e introspectiva del artista.

Al inicio, en Mutatis Mutandis,  los contextos selváticos que atesoran insectos mutados e híbridos ponen en juego la posibilidad de reinvención y así la expresión latina cambiando lo que se deba cambiar  se nos vuelve  un  imperativo. Mientras que al final  del recorrido de la exposición se produce un paroxismo de los sentidos, al quedar el espectador involucrado en su totalidad en la obra. El barro los rodea, pues desde el piso hasta las paredes guardan su color y aroma mientras una tenue luz permite vislumbrar cuatro “capsulas” vidriadas  que funcionan como Memento Mori. Ahora las piedras semipreciosas, los cráneos y las mariposas dejan de ser del artista para convertirse ellos mismos en sentencia de nuestra zafia vanidad.