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Armadura de seda

Muestra

Las formas de resistencia de la selva 


La exposición reúne dos cuerpos de obra de su producción reciente: Secreto abierto y  anarcuírides. A través de estas series, el artista profundiza una investigación sobre las relaciones entre identidad, deseo y territorio, atravesada por la memoria cultural del litoral argentino y los saberes ancestrales vinculados con la selva misionera. En Secreto abierto, Paredes explora las experiencias de ocultamiento y revelación a partir de la figura del armario, construyendo un universo visual donde la memoria personal se entrelaza con el paisaje.

Anarcuirides

desarrolla una taxonomía imaginaria de cuerpos híbridos realizados mediante técnicas de cestería en lianas, incorporando estrategias de supervivencia de diferentes organismos y elementos provenientes del carnaval y del universo drag. La exposición propone un recorrido por las posibilidades de transformación del cuerpo y la identidad, donde la naturaleza se convierte en un territorio de imaginación y resistencia.

El mamboretá (Mantis) aporta una anatomía preparada para la respuesta inmediata. El caraguatá

(bromelia espinosa) incorpora hojas rígidas y espinosas. El lapacho introduce una estrategia

temporal: concentra su floración y transforma rápidamente su apariencia. Los sacos vocales del

sapo se trasladan al cuerpo como volúmenes capaces de inflarse frente a una amenaza

Urupe (hongo) organiza una superficie que se expande y modifica la silueta. La Morpho (mariposa

de alas azules) incorpora pequeñas alas y escamas azules que alteran la percepción

del cuerpo. El ñandutí y encaje ju traslada la lógica de la trama al vestuario. Wisteriana (glicina)

reúne estas estrategias en una anatomía que despliega superficie y apariencia

El tatú aporta placas que protegen el cuerpo. El caá introduce las ramas y hojas de yerba

mate. El membrácido transforma la cabeza mediante una estructura que exagera su

apariencia. Tarefera incorpora la memoria del trabajo ligado a la yerba en la superficie

posterior del cuerpo.

La efemóptera aporta sus dos pares de alas y una anatomía aérea. La taturana incorpora

estructuras urticantes como defensa por contacto. La oruga peluche cubre el cuerpo con

una superficie pilosa que oculta su capacidad defensiva. Caelestis reúne estas formas en

un cuerpo violeta de apariencia ligera y táctil.

El cuendú (erizo) eriza sus púas y cambia su superficie. La bromelia suma hojas rígidas yespinosas. El pindó (palmera) aporta flexibilidad. El pico del colibrí prolonga la cabeza comoun instrumento preciso. En este cuerpo, defensa y adaptación se integran y modifican laanatomía para sostener su existencia.

El irupé sostiene su gran superficie sobre el agua. La Utricularia transforma la captura enuna estrategia química, traducida en vidrios de laboratorio. El pez globo altera su volumenfrente a la amenaza. Raver incorpora una botella de agua mineral: incluso en medio del exceso,hidratarse también es una estrategia de supervivencia.

La coral (serpiente) aporta el patrón de advertencia, el huayruro (semillas toxicas) refuerzaese código en lo vegetal y hace eco del rojo y negro. El fueguero aporta el plumaje. En estecuerpo la señal es defensa, mostrarse es sobrevivir.

Mariconaje Guerrero

II. Movimientos de re-existencia

Por Silvio Lang

Con “Lxs anarcuíridxs”, Andrés Paredes, enlaza dos tecnologías ancestrales, aprendidas en el litoral, de donde es oriundo: la cestería en lianas y el drag de carnaval. La “sabiduría de las lianas” de la selva misionera fue contagio de su maestra Susana Báez Lugo, artesana cestera indiadescendiente del pueblo Mbyá Guaraní, en la ciudad natal de Andrés, Apóstoles (Misiones). La práctica del drag, Andrés, la curtió en sus jornadas de diseño, realización y montaje de los trajes para las compañeras travestis de la comparsa “Auténticos” del carnaval de la ciudad vecina, Ituzaingó (Corrientes). Contaminado por esas dos genealogías, Andrés, con el acompañamiento curatorial de Carlos Herrera, en esta muestra, intenciona un “futuro ancestral” (Ailton Krenak). El futuro no está adelante de manera lineal sino abajo, en la raíz, en las lianas, en la tierra de sus antepasadxs. Con sus drag-esculturas, propone estrategias de dentidades de camuflaje, dispuestas a pasar a la ofensiva. ¿Acaso, una fabulación de esa “militancia corpórea” que entrevé Pedro Lemebel en su loco afán: el florecimiento de un “mariconaje guerrero” latinoamericano contracolonial?

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Las ancestralidades Mbyá fueron la gente guaraní que, en el siglo XVII, rechazaron el adiestramiento espiritual y cultural de los jesuitas colonizadores y se fugaron al monte profundo, que conocían a la perfección. En la selva el aparato de captura colonial no podía localizarlxs –territorio indecodificable para los eurocristianos. Lxs mbyás con las güembepís (raíces o lianas), que constituyen la arquitectura de la selva misionera, desarrollaron la cestería como práctica de resistencia cosmopolítica. Lxs Mbyá comparten con los pueblos afrodiaspóricos, la misma estrategia de re-existencia: el cimarronaje (arte de la fuga de lxs exclavizadxs). Andrés, reivindica esa fuga vegetal de la cestería entretejiendo la anotomía de sus esculturas. Produce una “lianografía frente a un poder neocolonial que sigue desarmando los territorios que habitamos.

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En Sabiduría de las lianas. Cosmopoética del refugio, Dénètem Touam Bona, entiende el cimarronaje no solo como la huida de los pueblos esclavizados hacia la selva sino, a la vez, como una “zona de incertidumbre ofensiva”, una danza de torsiones del pensamiento entrelazado y un arte de la invisibilidad frente al opresor. Para Toum Bona el cimarronaje puede ser reactivado en nuestros territorios contemporáneos ocupados y adiestrados. ¿La mente binarizada-algoritmizada, por ejemplo? ¿Cómo sería, en nuestras realidades del presente, organizar una “comunidad de indóciles” y aprender a vivir "invisibles" del tecno-feudalismo? ¿Cómo sanar y transformar nuestra “cosmofobia” (Antônio Bispo Dos Santos)? Desarrollar una desconfianza a la blanquitud colonial que nos constituye y al “pueblo de la mercancía” (Davi Kopenawa) que somos puede ser un comienzo. La liana como figura de torsión y, a la vez, como gesto y movimiento del cuerpo, en estas esculturas, actúa como línea de fuga-línea de vida. Vidas guerreras y creadoras: producen un espacio intrincado contra el conquistador y, a la vez, un tejido vivo de relaciones sociales multiespecies. Toda una contra-arquitectura de la ciudad colonial, que es visibilidad, aislamiento, control, productividad y violencia. Las lianas, en cambio, producen ligazón, enredo, colportación, flexibilidad, resistencia, alianzas, contención y movimiento conjunto para transitar en la clandestinidad sin quebrarse.

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Las mixturas vegetales, animales y humanas, en estas esculturas, componen un manifiesto vivo decimarronaje guaraní anarco-cuir. Lo anarco aquí es un principio de horizontalidad e igualdad de lasdiferencias; y lo cuir una dinámica de mezcolanza de producción de mundos. Los trajes de cada una delas 7 esculturas invocan fuerzas de la naturaleza. Como diosxs de un politeísmo propagan estrategias de autodefensa colectiva. Ya que no hay movimiento de liberación sin liberación de los cuerpos, las imágenes y las lenguas, Andrés, nos sumerge en una taxonomía bio-corporal imaginaria:

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1) la mamboretá (mantis) aporta una anatomía preparada para la respuesta inmediata / la caraguatá (bromelia espinosa) incorpora hojas rígidas y espinosas / el lapacho introduce una estrategia temporal: concentra su floración y transforma rápidamente su apariencia / los sacos vocales del sapo se trasladan al cuerpo como volúmenes capaces de inflarse frente a una amenaza; 2) el urupe (hongo) organiza una superficie que se expande y modifica la silueta / la morpho (mariposa de alas azules) incorpora pequeñas alas y escamas azules que alteran la percepción del cuerpo / el ñandutíy el encaje jú trasladan la lógica de la trama al vestuario, la wisteriana (glicina) reúne estas estrategias en una anatomía que despliega superficie y apariencia; 3) el tatú aporta placas que protegen el cuerpo / la caá introduce las ramas y hojas de yerba mate / el membrácido transforma la cabeza mediante una estructura que exagera su apariencia / la “tarefera” incorpora la memoria del trabajo ligado a la yerba en la superficie posterior del cuerpo; 4) la efemóptera aporta sus dos pares de alas y una anatomía aérea / la taturana incorpora estructuras urticantes como defensa porcontacto / la oruga peluche cubre el cuerpo con una superficie pilosa que oculta su capacidad defensiva / la caelestis reúne estas formas en un cuerpo violeta de apariencia ligera y táctil; 5) el cuendú (erizo) eriza sus púas y cambia su superficie / la bromelia suma hojas rígidas y espinosas / el pindó (palmera) aporta flexibilidad / el pico del colibrí prolonga la cabeza como un instrumento preciso / defensa y adaptación se integran y modifican la anatomía para sostener su existencia; 6) lamboi chumbe (serpiente coral) aporta el patrón de advertencia / el huayruro (semillas toxicas) refuerza ese código en lo vegetal y hace eco del rojo y negro / el guyra tata (pájaro fueguero) aporta el plumaje / la señal es defensa, mostrarse es sobrevivir; 7) el irupé sostiene su gran superficie sobre el agua / la yvoty ypegua (planta utricularia) transforma la captura en una estrategia química, traducida en vidrios de laboratorio / el pez globo altera su volumen frente a la amenaza / el “raver” incorpora una botella de agua mineral: incluso, en medio del exceso, hidratarse también es una estrategia de supervivencia.

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La constelación de estas materialidades se vuelve un teatro de fuerzas silvestres de identidades nocisnormativas. Cada confección corporal selvática implica memorias de otras vidas y proyección hacia lo que todavía no tiene forma definida. El drag enviste de poder como una máscara de ceremonia. Rearmar los cuerpos para “un movimiento futurista de reforestación” (Uyra). Aunque no es el futurismo militarista de la vanguardia europea, sino el futurismo de las poblaciones disminuidas y explotadas. Como en el taller de vestuario de la comparsa, Andrés, monta reinas travestis. “Reinas sin palacios, ni cortes, ni damas de campo, ni lacayos” (José Sbarra). Eximidas, en la noche de carnaval, de no ser masacradas o encarceladas. El genocidio travesti/trans de finales del siglo XX en Argentina se “enliana” con los genocidios indígenas y africanos de la fundación del Estado-Nación argentino del siglo XIX. Como aprendimos con el colectivo Comparsa Drag y de nuestrxs ancestrxs travestis, trans, locas, transformistas, vedettes y otras criaturas salvajes que despedazaron el realismo heterosexual: tu drag no es un disfraz sino una tecnología de subversión del yo: rehacer el yo en muchxs. Necesitamos sembrar y germinar en identidades colectivas en mutación, desdomesticadas de las reglas coloniales de dueñidad y mercantilidad. Mutar de naturaleza.

Sobaco

Tinta sobre papel vegetal en caja backlight de peteribi

60 cm  x 96 cm 2026.

Mariconaje Guerrero

I. Fantasear en el monte

Por Silvio Lang

Mejor un hijo muerto que un hijo homosexual, ha sido la fantasía de exterminio de todo padre o madre normal. La criatura clasificada y desclasificada como homosexual es el cadáver de la familia. Un fracaso en la reproducción del futuro heterolineal. Ese “secretito familiar” a ocultar y desterrar en el armario. Lx hijx homosexual: “unx fusiladx que vive”, sobreviviente o zombi empujado a politizarse para re-existir. “Homosexualidad”, ha sido la denominación médica del mundo blanco eurocristiano para expulsar de sí y encerrar toda práctica de alteración de la sexualidad-reproductiva-de-la-pareja-ideal-heterosexualmonogámica. Hetero/homo: un binarismo del pensamiento que cree que sólo existen varoncitos y mujercitas, naturalmente. La homofobia -como tantas fobias exportadas por el Santo Oficio de la Inquisición en la colonización de estos territorios- ha sido el sentimiento inoculado que “encierra afuera” la multiplicidad desordenadora que está “adentro”. El poder de la masculinidad colonial, encargada de ordenar qué es ser humano y qué no, consideró la homosexualidad un deseo salvaje.

 

Andrés Paredes, con su serie de ilustraciones en acrílico, “Secreto abierto”, montadas en cajones de petiribí iluminados, de la mano curatorial de Carlos Herrera, propone reconfigurar la espacialidad doméstica del armario -o encierro homosexual- y sacarla a fantasear en el monte -entorno socio natural que lo parió. Andrés, nos abre el armario de su secreto salvaje. Aunque, las estrategias de visibilización y su táctica de “salida del armario” han primado en las políticas liberacionistas de los movimientos del sexo, aprendimos que el trauma de exterminio no se supera, que la homo/trans/intersexfobia persisten en la base social, que la desposesión avanza para la mayoría de nuestras gentes cuir y que la asimilación fue un hechizo neoliberal. El capitalismo dispone del poder mágico de hacer de cualquier cosa una mercancía, incluso de la identidad. Desclasifica lo que no identifica para sus nuevos modos de expropiación y convierte los excedentes en vidas descartables. Hasta diseña extractivismos con lo descartado.

 

Las ilustraciones de los esqueletos de “Secreto abierto”, asistidas por la ilustradora tucumana Eugenia Correa, indican un tiempo de des-esencialización de nuestras identidades disidentes neoliberalizadas. Anhelan un reconocimiento y expansión de entrelazamientos cósmicos con la naturaleza. “Salir del armario” del binarismo blanco homo/hetero es abrir la puerta a fantasear un mundo más allá de la vida de lo humano. Si bien, Andrés, nació y se crió entre montes nativos de la selva subtropical de la ciudad de Apóstoles (Misiones), no elige sus propias imágenes de infancia para retratar el territorio y hacer esta autobiografía. Trae a la metrópolis un tiempo anterior. Un tiempo antes de la Argentina, incluso: el tiempo de la colonización española y la fundación de Apóstoles con la ocupación territorial de las misiones jesuíticas de la Iglesia Católica. El fondo selvático donde se pasea la figura del esqueleto del cadáver homosexual, con su armario a cuestas, es una transportación crítica de los grabados y xilografías europeos del siglo XVII. Es decir, representaciones visuales desde la perspectiva del héroe colonizador. Con ellas las sociedades eurocristianas imaginaron el “nuevo mundo”. Ninguno de sus realizadores había pisado jamás el territorio amerindio. Creaban los grabados en talleres de Alemania o Flandes, basándose, en crónicas y bocetos muy rudimentarios de los exploradores coloniales, bajo los cánones estéticos del clasicismo y el manierismo euroblancos. En la percepción colonial la selva es una masa ininterrumpida de “bosques antiguos” o primarios, es decir, sin interacción humana. “El colono hace la historia. Su vida es una epopeya, una odisea. Él es el principio absoluto” (Frantz Fanon). La selva fue concebida y visualizada por la colonialidad como un terreno de recursos ilimitados, disponibles para la explotación capitalista. Tabula rasa: tierra anulada, tierra virgen. El mapa colonial blanquea y homogeniza la selva para violarla y, así adiestrar a los pueblos indígenas que la habitan, exterminarlos sin culpa cristiana, borrar sus existencias, sus cosmovisiones, sus relaciones transformativas con el entorno biodiverso, sus derechos territoriales.

Salida en el Chimiray

Acrilico sobre polipropileno 87 x 151 cm, 2026

El ultimo elegido

Acrilico sobre polipropileno 87 x 151 cm, 2026

Te amo bixa

Acrilico sobre papel vegetal 60 x 96 cm, 2026

La salida al arroyo Chimiray del cadáver homosexual pasa por: la venia de una yarará; un juego de casita de muñecas, entre calaveras animales y pelotas de futbol; prácticas sexuales gay como el cruising/tetera o vagabundeo sexual en espacios públicos y el pit licking u olidas y lamidas de axilas; la práctica crossdressing o transformismo de género; hasta un “inefable” autorreconocimiento frente al espejo. También, allí, las ancestralidades guaraníes realizaban sus vagancias. Lxs guaxus (homosexuales) se daban amor en medio de serpientes, monos, pájaros, insectos, lobitos de río y mariposas multicolores. La ocupación colonial católica impuso a las formaciones de deseo y parentescos de lxs guaraníes el binarismo heterosexual de género a un pueblo de géneros neutros. Mediante patrullajes nocturnos en las calles, azotes, penitencias públicas y el borramiento de palabras del idioma nativo asociadas a “pecados de la carne, los curas, impusieron: monogamia contra poligamia, castidad contra diversidad de prácticas sexuales en público, prohibición del divorcio y refacción de viviendas para controlar la intimidad indígena. Son esas “aberraciones demoníacas”, esas “sexualidades salvajes” que los transfeminismos y los movimientos del sexo contemporáneos venimos reivindicando hasta hoy. Otra vez, amenazadas de extinción por las nuevas caras fascistas del capitalismo colonial.

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​El colonialismo es siempre un choque violento que reverbera más allá del momento de la colisión. La asimilación, aunque se insista, nunca se completa. Siempre quedan sentidos sin codificar, ruidos o “cacofonías del colonialismo” (Jodi Byrd), que perturban la inteligibilidad del colonizador. Los procesos de “criollización” (Sylvia Winter) no logra la fusión ni la domesticación de la vida cotidiana. Principios de resistencia, subversiones culturales al sistema dominante germinan en cualquier lugar y momento. Enlazando los grabados europeos con el humor ácido marica; las prácticas sexuales gay, en diálogo con los muertos guaxus; el armario doméstico desbordado de objetos tanto traumáticos como eróticos, Andrés, practica una desarticulación colonial. Desmonta el mundo hetero/homo, desactiva la fobia al cosmos y acepta la naturaleza de lo salvaje: figura y fondo de las ilustraciones se entremezclan y confunden entre sí como lianas. De este modo, “Secreto abierto”, libera una autobiografía no personal sino territorial contracolonial. ¿Acaso, prefigura esa cosmogonía tercermundista del mariconaje guerrero, que ensoñó Pedro Lemebel en su loco afán?:

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Quizás, América Latina, travestida de traspasos, reconquistas y parches culturales -que por superposición de injertos sepulta la luna morena de su identidad- aflore en un mariconaje guerrero que se enmarca en la cosmética tribal de su periferia. Una militancia corpórea que enfatiza desde el borde de la voz un discurso propio y fragmentado, cuyo nivel más desprotegido por su falta de retórica y orfandad política sea el travestismo homosexual que se acumula lumpen en los pliegues más oscuros de las capitales latinoamericanas.

Inefable

Acrilico sobre polipropileno 60 x 96 cm, 2023

Muestra Individual, Galeria COTT Perú 973 , Buenos Aires Argentina

Curador: Carlos Herrera

Texto: Silvio Lang

 

Montaje: Ricardo Andrade.

Galería COTT: Gabriel Cott, Tobias Calviño, Carla Gargantini, Vera Bossia.

Registro en sala: 
Cobertura del evento: 

 

​Agradecimientos: María Cristina Baez, Susana Baez Lugo. Mariana Alarcon, Joaquin Arrúa, Dani dibujante, Maria Eugenia Correa, Jorge Tirner, Natan Damo, Mariana Amika, José Hreñuk, Rosamonte, Comparsa Bela Samba, Tito Vialey, pato patone, Fundación Tres Pinos, Fundación Saba, Rodrigo Cadenas, Ricardo Cadenas.

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