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El artista que creó su propia tumba

Por Adriana Muscillo
Publicado en el diario Clarín, septiembre 2018

Lo convocaron a pensar un cementerio para vivos: el misionero Andrés Paredes -quién no lo haría- pensó en sí mismo. Y levantó su lápida: la hizo en barro y materiales biodegradables, a modo de tótem. Lo hizo de un metro y medio de alto y en él anuncia el año del nacimiento, 1979, y -ay- el de la muerte: 2058.

La convocatoria del artista italiano Maurizio Cattelan – abierta a todo aquel que se precie de tal- fue clara: matar en vida a alguien. Una suerte de enorme cementerio poblado de epitafios de personas vivas. Paredes se sintió llamado y al cementerio de  Cattelan ya fue su obra. A la fiesta de inauguración habrá que ir de elegante negro.

Todo esto se verá dentro de Art Basel Cities, una serie de exposiciones y charlas que organizó el gobierno porteño bajo el paraguas de Art Basel, la Feria de arte más importante del mundo, que se hará entre este jueves y el miércoles 12.

En ese contexto se inscribe la propuesta de Cattelan: un cementerio de vivos. El italiano ya había despertado controversias cuando, en 1999, dirigió el proyecto escultórico que representaba al Papa Juan Pablo II aplastado por un meteorito.

Con curaduría de Cecilia Alemani, la muestra, compuesta por 236 lápidas, colmará de muertos vivos la plaza Sicilia (Av. del Libertador entre Sarmiento y República de la India. La obra en conjunto se llama Eternity (Eternidad) y estará desde este jueves a las 21.30. Habrá música en vivo, DJ y Food Trucks. 

“Lo que la oruga considera el fin del mundo es lo que el hombre denomina mariposa”, dijo Lao Tsé y, sin embargo, por alguna razón, las mariposas saben exactamente dónde dejar sus huevos para que la larva se haga crisálida. Contrariamente a lo que afirmaba el pensador chino, pareciera ser que ellas tienen una suerte de conciencia primitiva que las guía por el buen camino. Casi como si fueran conscientes de los cambios que van a experimentar durante sus cortas vidas.
 

Esta increíble metamorfosis total que experimentan estos y otros insectos similares es uno de los múltiples puntos de partida del artista misionero

“Nací el 7 del 9 del 79”, dice Paredes, que cumplirá 39 años el día después de la inauguración de Art Basel Cities. “Son números muy fuertes: los 7 colores, los 7 pecados, los 7 días de la semana… El 7 y el 9 aparecen en mi vida de un modo mágico. Por ejemplo, mido 1,79. ¿Cuándo me gustaría morir? A los 79”, dice el artista, con simpatía.

En la lápida, además, se puede leer una leyenda: “Yo estaba aquí de paso”. ¿Por qué? “No me angustia la muerte -dice Paredes- hace un tiempo descubrí la vanitas. Es un motivo que se usaba en el Barroco, habla de la temporalidad de la vida y de la importancia de darnos cuenta de que somos seres finitos y que estamos de paso”.

El misionero suele trabajar con mariposas caladas: otro ser de vida efímera. “Hablar de la naturaleza es hablar de la muerte. No todo en la naturaleza es belleza o armonía, la muerte está presente en todo momento; las mariposas viven poco tiempo, en la naturaleza hay un montón de predadores que comen a animales menores… Creo que es necesario cambiar esa idea trágica de la muerte que tenemos los occidentales; esa concepción traumática que proviene de la tradición judeocristiana. Admiro mucho el sentido que le dan a la muerte en otras culturas”, afirma Paredes.

En su taller del barrio de La Boca todo es arte. Decorado con muebles que encontró en la calle y restauró y con sus propias obras, es nada más entrar y atiborrar la vista con papeles calados a mano que expuso en Beirut, entre enormes mariposas modeladas en epoxi y madera sintética que penden del techo.

“Me gusta investigar mucho. Tanto las mariposas como las cigarras y las libélulas, al llegar a la última etapa de sus vidas: ya cumplieron su ciclo, aunque algunas orugas no llegan a ser mariposas. Hace mucho tiempo que vivo como si hoy fuera mi último día. Ya hice muchas cosas y estoy muy conforme”, dice.
 

El Menhir -su obra para Eternity- se presenta acompañado por cráneos de todas las mascotas, amigos y parientes ya fallecidos del “muerto”, iluminados con luces de diferentes colores e intensidades y aromatizados con ruda y canela: “Son los aromas de mi infancia”, dice. En el pináculo hay mariposas disecadas.

“Nací y crecí en Apóstoles, provincia de Misiones, en una casa muy grande. Teníamos dos ponys, un mono, gallinas, patos, gansos, siempre había perros”, evoca.

“Todo comenzó cuando murió un caballo que un paciente de mi padre había mandado a concebir como regalo de mi nacimiento. Unió a su mejor potrillo con su mejor yegua y me obsequió la cría”. El animal vivió toda su vida siendo “el caballo de Andrés” y se murió sin nombre. “Luego de su fallecimiento empecé a moldear el cráneo de mi caballo en barro y le asigné un nombre, lo llamé Sombra. Eso me dio una paz interior enorme. Así, seguí moldeando los cráneos de otras mascotas que tuve: Acá está Van Gogh –señala un cráneo de perro-, acá está Norwin –señala otro y este cráneo representa a mis abuelos. A este proceso lo llamo Recapitulación. Tiene que ver con el reencuentro con tus seres queridos que ya no están. Sobre todo, con tus mascotas. Sabemos que una mascota que tenemos y que amamos se va a ir antes que nosotros y, sin embargo, no estamos preparados para enfrentar su muerte. El amor por una mascota es súper genuino. Lo mismo pasa con nuestros padres y abuelos”.
 

¿Y las mariposas en su obra? “Son reales y simbolizan la transformación, lo fugaz, lo efímero, lo frágil, hay algunas que viven un día, las azules son del parque temático de un mariposario, especies del cerro de Santa Ana. Yo no mato mariposas, las pongo una vez que mueren naturalmente”, explica el artista.

Y, como explicación de todo, cita a una consagrada, la performer Marina Abramovic: “La última obra de un artista es su funeral”.


Paredes Básico

Nacido en Apóstoles, Misiones, el 7 de septiembre de 1979, estudió en la Facultad de Artes de Oberá de la Universidad Nacional de Misiones, donde se formó como Técnico ceramista, diseñador gráfico y realizó talleres de grabado y escultura.

En 2005, participó de un concurso que lo llevó a ARTEBA “y, de ahí, no paré más”, recuerda. En 2015, realizó la escenografía del Festival Internacional de Orquestas Infanto-juveniles “Iguazú en Concierto” y una intervención con mariposas caladas en acero en la calle Florida.

En 2016, participó de las muestras por el festejo del Bicentenario de la Independencia Argentina en San Miguel de Tucumán.

Durante 2017 integró The Latin American Experience, Museum of fine Arts, Houston y realizó dos muestras individuales en Buenos Aires: Mutatis Mutandis & Memento Mori.

En 2018, realiza su muestra individual Eternal Springs en la Galería Samara de Houston y la exhibición “El interior del paisaje” en el Museo Estévez de Rosario, Santa Fe. Durante la semana de Art Basel Cities Buenos Aires, participará en la instalación del artista italiano Maurizio Cattelan.

Actualmente, vive y trabaja entre Misiones y Buenos Aires, con un taller en Apóstoles y otro en La Boca, en el Distrito de las Artes.