
Hay presencias que no se tocan.
Hay vínculos que no se encuentran.
Hay movimientos que buscan contacto,
pero solo encuentran desafectos.





Andrés Paredes nos sumerge en una poética de la separación en la coexistencia. Una instalación suspendida en tensión, habitada por fragmentos orgánicos que se desplazan, suben, bajan, flotan… conviven… y se mueven, pero nunca se encuentran ni se tocan.
En este universo suspendido, lo inmiscible se vuelve metáfora de una época. Como cuando lo sanguíneo no alcanza para estar unidos. Como las conversaciones desconectadas por notificaciones y pantallas. Estamos cerca, habitamos el mismo espacio, pero no estamos necesariamente unidos. Estamos presentes, pero no realmente juntos.
Cuando alguien abre una puerta —un gesto simple pero vital—, la obra se moviliza para recordarnos que el encuentro necesita voluntad, decisión, apertura. Sin embargo, el movimiento —como ocurre tantas veces en los vínculos humanos— no garantiza el encuentro.
La instalación rápidamente nos interpela con una pregunta urgente: ¿cuántas veces confundimos convivencia con conexión?
En esta propuesta site-specific, el artista abre esa fisura. Nos invita a mirar esos espacios entre cuerpos, entre palabras, entre gestos. A reconocer la distancia oculta en la cercanía.A repensar el modo en que habitamos los vínculos, en un mundo saturado de superficialidad pero sediento de contacto profundo.
Inmiscible no solo se mueve, nos mueve.”
Gabriela Zalazar

Detalles , Lado oscuro
Acrílico, tiza, barniz oleo pastel, tinta, latex sobre paneles de MDF.
Instalación de esculturas de resina epoxi suspendidas con hilos metálicos con sistema de roldanas que generan movimiento espontáneo.
2025


























