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Un Oasis Urbano con aire de Misiones

Por Julio Sánchez

Diario La Nación

Cuesta disociar el sentido de la palabra misionero. La primera acepción del diccionario de la Real Academia Española designa a quien predica el Evangelio en las misiones, y la segunda, a los naturales de Misiones. En referencias al arte realizado en esta provincia del nordeste del país, seguramente aparecerían también los jesuitas con sus conciertos barrocos, los restos de colosales iglesias y las tallas en madera de imaginería religiosa.

¿Qué sucede con el arte contemporáneo? Misiones es rica en talentos artísticos. Basta recordar el nombre de Oscar Bony (1941-2002), creador de obras emblemáticas del conceptualismo como La familia obrera (1968), o el de Tulio de Sagastizábal (Posadas, 1948), maestro del color y formador de varias generaciones de artistas.

En estos días, dos misioneros exhiben sus obras en galerías de Retiro, mientras un tercero lo hace en una galería vienesa. Si bien no se encasillan en soportes -Mónica Millán prefiere el textil, Andrés Paredes el objeto/instalación e Ignacio de Lucca, el óleo y la acuarela-, el paisaje y la tradición cultural subyacen y emergen en la obra de todos ellos.

 

Recuerdos de la selva
Andrés Paredes (Apóstoles, 1979)

Dos mariposas enormes caladas en acero se elevan sobre los miles de peatones que circulan a diario por la calle Florida. Fueron emplazadas en 2015 y su autor, Andrés Paredes, las realizó en su provincia natal.

El calado le permite a Paredes dar la sensación de liviandad propia de estos insectos. Estas dos mariposas -como gran parte de su obra- se inspira en el recuerdo de la selva, los insectos, el barro después de la lluvia torrencial, las siestas de calor húmedo, un sinfín de insectos, libélulas, cigarras y tantísimas especies de mariposas.

La relectura que hace Paredes del paisaje misionero se vincula con la idea del cambio, de la mutación de los seres vivos. Hasta fines de 2016 se pudo ver en el CCK Barro memorioso, una instalación multisensorial que obligaba al espectador a meter su cabeza en una estructura de barro con varias cúpulas a un literal paisaje interior de los recuerdos de infancia del artista. Entre olores a ruda, canela y rosas se podía observar un horizonte de barro con cráneos de animales (caballo, perro, mono) que fueron mascotas en la infancia del artista, cientos de mariposas multicolor y brillos de cuarzo y amatista, piedras abundantes en Misiones.

La semana pasada presentó en la galería Ungallery dos instalaciones: Mutatis mutandis & Memento mori (expresiones latinas que pueden leerse como "cambiando lo que se debía cambiar" y "recuerda que morirás"). La muestra se inspira en "las hibridaciones que plantean la posibilidad de redefinición a la que aspira todo ser humano; las libélulas, mariposas y cigarras pasan por grandes transformaciones para seguir viviendo", dice el artista.