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Líneas y otras proliferaciones

Por Fabian Lebenglik
Diario Página 12 , Febrero 2015

Aunque Andrés Paredes (Apóstoles, Misiones, 1979) pinta su aldea, no lo hace al pie de la letra. Lo suyo no es pintar sino dibujar, pero con una línea tan excesiva, laberíntica, proliferante y densa, que el resultado evoca las claves del paisaje misionero. El lenguaje barroco de Paredes, hecho de transformaciones, es artístico a fuerza de sensibilidad y un trabajo manual virtuoso.

Paredes (que vive y trabaja entre Misiones y Buenos Aires) es diseñador gráfico egresado de la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Misiones. En 2005 fue seleccionado para el proyecto educativo en artes visuales de Alto Paraná, donde realizó clínicas de análisis de obra con artistas y críticos. Viene presentando su obra en muestras colectivas, grupales, participación en premios y ferias de arte locales e internacionales desde hace una década.

Entre sus muestras individuales se cuentan, inicialmente, Enredos (Bajada Vieja, Posadas, 2005); Galería Monet Plaza Arte (Santa María, Brasil, 2006); Primavera eterna (Espacio Azcue, 2006); Intrincado (Espacio de Arte Radio Libertad, Resistencia, 2006); y Pulmoncito (Centro Cultural Rojas, 2006). Participó de la Bienal del Fin del Mundo de 2011, en Ushuaia.

Desde 2012 hasta el presente presentó las exposiciones Pulsiones (Centro Cultural Raúl Delavy, Apóstoles, Misiones); Gurí (Galería Palatina, Buenos Aires); Exuvia (Museo Lucas Braulio Areco, Posadas, Misiones); Migrantes (Museo Facultad de Arte y Diseño, Oberá, Misiones); una muestra en el Museo René Bruseau de Resistencia (Chaco) y la exposición Barro memorioso, en el porteño Centro Cultural Recoleta.

Las líneas que “dibuja” el artista sobre el papel son caladas. Y esas líneas, recortadas, horadadas, resultan un juego ultrabarroco de luces y sombras; de llenos y vacíos que salen del papel y toman volumen a través de objetos y esculturas realizados en resina y MDF.

La línea en su obra es un continuo enloquecido y abigarrado que se materializa mediante el calado de distintos materiales. Son líneas que en su devenir producen enramadas y texturas complejas, y que por sus recorridos laberínticos generan una densidad a través de la cual el artista evoca la densidad selvática subtropical. Más que metáfora aquí hay contigüidad de sentidos, que van de lo micro a lo macro, ida y vuelta. Pareciera que la línea de Paredes saliera de las nervaduras y fibras de vegetales e insectos, para transformarse en intrincados tejidos.

Si a priori el concepto de línea supone una economía de lo mínimo, el artista transforma esa economía en un ejercicio complejo, de construcción, manufactura, paciencia y fantasía.

Paredes no sólo piensa en la materialidad de su trabajo sino que, al tomar volumen, sus líneas en el espacio también proyectan sombras que son una consecuencia del calado. Ausencia y presencia; contrastes que forman parte de su trabajo.

La textura visual de sus piezas responde a un tejido propio de la técnica que emplea, que en parte recuerda al ñandutí (“tela de araña”, en guaraní), ese encaje barroco y en círculos, que es como una trama selvática ornamental portátil y hogareña.

Según escribe la curadora de la muestra (y directora de la sala), Cecilia Cavanagh, “en la obra de Andrés Paredes la redescripción de la realidad natural a través de sus entramados laberínticos de vegetación y de sus ‘bichos’ sobredimensionados se constituye un vehículo de expresión y reflexión sobre la posibilidad de otros modos de existencia. En la elección deliberada de mariposas, chicharras y libélulas, Paredes asienta su gran metáfora sobre la probabilidad del cambio, entendido como transformación hacia un mundo distinto, nuevo, renovado”.

Las obras más sugerentes de las que se exhiben en la muestra son las abstractas (los papeles, las columnas), aquellas donde el ojo del que mira tiene la libertad de perderse, porque los insectos y crisálidas tal vez restringen la condición inspiradora que las obras abstractas y ultrabarrocas contagian al espectador.