Cuerpos en tiempos suspendidos

Por Mercedes Urquiza

Texto curatorial

UN BREVE RACONTO
“Tempus” fue el título de la obra de sitio específico que Andrés Paredes iba a presentar en Plus +
Arte en marzo del 2020. Del mismo modo se llamaba la música que sonaría desde adentro de la pieza
que Andrés planeaba instalar en el hall central de esta bodega. Pero la pieza nunca se concretó por la
irrupción de la pandemia.
Desde el comienzo, el tiempo y su ritmo la estuvieron cercando.
Andrés, en su condición de artista misionero instalado en Buenos Aires, circunstancialmente se
encontraba de viaje entre Francia y Bélgica y no pudo asistir y participar de la convocatoria que
planeó Plus + Arte. Así, la propuesta previa de experiencia performática, que operaba como disparador
para la obra de cada artista, a él le llegó más tarde, en formato audiovisual.
Desde la pantalla de su celular accedió al video que resultó de aquella cita noctámbula en la que el
cuerpo de una mujer ofrendaba su larga cabellera. La cadencia pausada y cuidada de la ceremonia lo
concentró en el corte, una lectura directa de fertilidad y de ofrenda. Y ya, desde un primer momento, la
secuencia de la pieza le resonó como Madre Tierra.
Justo Andrés, marcado por el lugar donde creció, cuenta con un cuerpo de obra completamente
atravesado por la naturaleza, su evolución y sus ínfimos detalles. En esa versión tan deslumbrante que
tiene la selva misionera, de tierra rojiza húmeda, de verde brillante con múltiples detalles
multicolor. Su mirada, influenciada por experiencias personales, está enfocada puntualmente en esos
seres vivos capaces de transformarse a sí mismos, en bichos y plantas que mutan. En su contundente
recorrido Andrés venía de realizar exposiciones e instalaciones como “Barro memorioso”, “Mutatis
mutandis & Memento Mori”, “Trashumante”, “Eternity”.
Entonces, la suspensión. La acción ya demorada se detuvo por completo por el coronavirus. Ineludible.
Todo se aquietó. Y devino, la conciencia del tiempo y del espacio.
La vorágine de eventos programados y espontáneos se suspendieron. El entorno físico
que habitábamos se alivió y la imponente presencia de la naturaleza nos retó a un encuentro con lo
esencial.
EN LA CAPSULA. LA TRAMA ENTRE UNA OBRA Y OTRA
Como artista, la experiencia del tiempo suspendido lo llevó a profundizar ya no en una naturaleza que lo
rodeaba sino en la suya. Se enfocó en su propio cuerpo hasta la introspección de pintar con su propia
sangre.
La situación del tiempo detenido para llevar adelante las cosas lo encaminó hacia unos dibujos que
surgieron de su mano izquierda, sin control, ni simetrías. Sueltos. Formas orgánicas, primero en grafito,
en carbonilla y luego, en acuarelas.
La situación encapsulada de limpieza e higiene permanente lo volcó a crear con trapos rejilla y
mechudos. Su rasgo más artesanal lo guió a engarzar cuarzos, amatistas y fluoritas en una serie de
piezas que nombró “Cúpulas de reconstrucción”.
Hoy, en esta instalación la mutación de la obra continúa. De los dibujos surgen estos cuerpos rojizos,
rosados como la sangre y la vid que crece en estas tierras. Y las cúpulas suspendidas invitan al
espectador a dejarse llevar por la magia de los cristales.