Tierra, techo, trabajo y tiempo

Por Nicolas Rodriguez Sosa

1 Hipótesis de naturalezas posibles nacen de las ruinas de un mundo anterior. Podríamos reemplazar la palabra naturaleza (tan agotada y explotada como un recurso en nuestro territorio) por mboyeré; el principio del mundo o el caos originario guaraní. El principio o fin que da lugar a algo que todavía no existe. Torcer el lenguaje también tuerce nuestra mirada sobre las cosas. Ahora sí podemos desgajar las obras de Andrés como quien saborea una mandarina al sol en plena siesta.

 

2 La utopía consiste en imaginar aquello que todavía no puede nombrarse. La obra de este artista consiste en imaginar nuevos ecosistemas y en desear otros mundos potenciales. Una utopía abstracta, una mitología reinventada. Andrés insiste en otras formas de convivencia multiespecista y no se conforma con la simple adaptación a una realidad a veces agobiante. La utopía se esconde en los pliegues del deseo. 

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3 Entramos a la sala. Seres suspendidos reposan sobre nuestras cabezas, sin tocar el suelo. Están a salvo de estas tierras deforestadas. Parecen livianos, aunque me gusta pensar que podrían pesar quinientos kilos, cómo una jornada de trabajo de un yerbatero. Un raído de yerba mate. Los sueños pueden estar recubiertos de bolsa arpillera (también las pesadillas). 

 

4 Darle forma a los sueños de la clase trabajadora pareciera embarcarse en una tarea difícil. Para la sociedad, podría resultar más simple a veces pensar solamente en sus derechos. Tierra, techo y trabajo. Pero recordemos que acá venimos a imaginar utopías más abstractas. Tierra, techo, trabajo y tiempo. Tiempo para desear. Tiempo para ver un atardecer. El deseo cotidiano puede tener la forma de una botella de Coca Cola o de una casa propia. La tierra es de quien la trabaja, pero ¿de quién es el tiempo? El tiempo colectivo puede generar una revolución.

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5 Frank O'Hara escribió un poema llamado "Beber una coca contigo": Un fragmento de este dice: (...) y de qué les sirven a los impresionistas todas las investigaciones sobre ellos / si nunca encontraron a la persona indicada con la cual pararse junto al árbol al caer el sol (...). El poeta revaloriza la contemplación de la naturaleza y los afectos por encima del arte. Andrés realiza el mismo ejercicio. Observa la naturaleza (sintiéndose parte) y aprende de ella. Se prometió a sí mismo no perder la capacidad de asombro. Realiza nuevas combinaciones a partir de elementos orgánicos. Recuerda su infancia de calle de tierra en búsqueda de insectos. Honra a sus afectos pintando con plasma. Hace del arte un tejido afectivo, un entramado vincular.


6 Una pintura de grandes dimensiones nos observa desde el fondo. Andrés reinventa con oro, acrílico y purpurina su árbol genealógico. Crea nuevas relaciones más allá de su familia. Pinta con su mano no dominante para dar lugar al azar y a la intuición. En biología, el concepto de mano dominante hace referencia a una mayor habilidad, rendimiento, rapidez. Pero Andrés vuelve a sus raíces para recuperar la lentitud, la poca productividad y las habilidades otras que se manifiestan cuando escondemos la otra mano.

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7 Pindó es una obra que fue hecha especialmente en el marco de la muestra en Oberá: lianas de Isipó, frutos, inflorescencias y ramas de pindó generan una vertical de cinco metros como centro de la exhibición. Todas las otras esculturas vuelan por los aires sin embargo Pindó se detiene unos centímetros antes de tocar el suelo mientras crea un nido precario en el piso de madera. La cría de aquello que todavía no nació. El ensayo de otras naturalezas posibles. Más mitológicas, más queer: mitad pájaro, mitad palmera. Una nueva especie que nace de las ruinas. 

 

8 Los seres artrópodos que dibuja Andrés adoptan múltiples formas. Están en constante mutación. Son pinturas, esculturas y animales de compañía. Tienen extremidades infinitas que son también raíces de mandioca, brazos de sirena de río, alas de urutaú y frutos prohibidos. 

 

9 El proceso de la yerba mate consiste en exponer el material verde directamente a las llamas. Así, el vapor generado las hace “estallar” rompiendo la epidermis de las hojas. En su superficie, se forman pequeñas ampollas. De ahí la denominación de “zapecado”, que en el idioma guaraní “za” significa “ojo”, pecá o mbecá, significa abrir, por lo tanto: abrir los ojos. A veces es más fácil mantener los ojos cerrados pero Misiones está ardiendo. Misiones arde.

 

Nico Rodríguez Sosa

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