Rojo Toro

Por Celeste Massin

Develar un vínculo y señalar la traslación. Mostrar sutilmente la conexión que entrama una historia y el relato que nos cuentan. La adjetivación de Ramón Ayala y esa asociación que conduce a pensarnos si somos la gallina o el huevo. Hay un linaje sutil que recorre la sangre, la tierra y la yerba. Como un sinónimo la representación de comunidad repite el esquema. Lo suplanta o se convierte en gallina. Entonces seremos glóbulos, hormigas y yerbateros entre adoquines jesuitas.


Cala hondo el entramado de superficies lisas que hacen saltar las texturas. Hay que detenerse a percibir las capas del juego porque hay formas, olores, colores e historia. Todo se cierra en círculos, cual mamushka, uno dentro de otro. Sí, hay que detenerse. La superficie sólo es el comienzo del recorrido.
Quizás la estrategia es encontrar la punta del ovillo de una madeja que nos atraviesa y estaquea, como el hierro, y nos deja parados, como un espantapájaros, mirando las plantaciones en el horizonte sin poder distinguir el verde gris del verde brillante y del rojo toro.

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