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Los Juegos de la Memoria

Por Eduardo Villar

Clarin Ñ, agosto 2016

La obra del misionero Andres Paredes que ocupa una sala lateral de la muestra curada por Ana María Battistozzi. Es un primer espacio de cierta intimidad que prepara al espectador para una obra que requiere un acercamiento sin interferencias. La instalación ¨Barro Memorioso¨, que Paredes construyo in situ con barro traído de Misiones, son cuatro montañas de tierra que evocan una particularidad del paisaje de la provincia. Lo que la vuelve extraordinaria es el encuentro con su interior. El espectador puerde penetrar por unos agujeros y encontrarse envuelto en un ambiente lleno de aromas florales, donde suena una música suave, lleno de mariposas coloridas, piedras preciosas y calaveras, todo iluminado escenográficamente y de forma tal que es difícil medir las distancias. En ese nuevo universo en el que uno acaba de entrar parece regir otro orden, otra espacialidad y hasta otro tiempo, como si hubiera accedido a un sueño ajeno o a una zona de la psiquis de otra persona.

Y sin embargo, está cómodo en esa intimidad ajena. Es que en esos, que son recuerdos infantiles de Paredes, hay algo de los de la  propia niñez. Y algo que nos une a todos: la nostalgia del tiempo pasado, la certeza de que la vida es fugaz como las mariposas, la memoria de los que amamos y ya no están, el recuerdo de que la tierra que pisamos está llena de huesos. Como las Vánitas del barroco, ¨Barro Memorioso¨nos recuerda también que somos insignificantes y vamos a morir.